jueves, 31 de julio de 2014

Lo que soñé ese día que me quedé dormido bajo el puente

Lo que soñé ese día que me quedé dormido bajo el puente de Antonio Zúñiga
Presentada por el Conaculta, INBA, FONCA y Carretera 45
Director: José Alberto Gallardo

La ciudad de México es un universo de soledades, de sórdidas soledades basadas en la insatisfacción de los más afanosos deseos. Nunca es suficiente una pareja, un amante, un encuentro casual. De la misma manera, se pueden tener amores y apegos aparentemente fijos, pero éstos tampoco nunca tienen suficiente.  La ciudad es el irremediable escenario del entrecruzamiento de traiciones entre amantes y expectativas, entre apetitos imposibles y la perenne insatisfacción de la avidez.

La puesta se conforma de ocho capítulos o cuadros sucesivos. Las ninfómanas burguesas son incapaces de saciar su apetito sexual, no manifiestan la más mínima empatía por los individuos, no obstante, quieren más y más en donde sea y a la hora que sea, habiéndolo hecho, vuelven a quedar solas. El anciano depredador es un personaje citadino que el día de cumpleaños -aunque en realidad el día da lo mismo, puede ser en cualquier fecha y a cualquier hora- añora las carnes que únicamente el encuentro fortuito puede proveer.

La vieja encerrada es la representación de la alienación social más absoluta. Ella ama algo que emana de un viejo mueble. No sale a la calle, no le interesa que se acumulen las cuentas o las noticias. Ella ya no está en el mundo. El frígido misántropo vive en una frustración completa ante su entorno, detesta la ciudad, a los ciudadanos y su cultura, además, al llegar a un encuentro casual, es incapaz de “aprovechar” la situación.

La prostituta enamorada es una vieja que transita en las rutas de la ciudad, y recuerda con añoranza y despecho al antiguo amante, convertido en una sórdida vestida que canta aquellas patéticas canciones mexicanas que tanto gustan a la masa. El amante sado-sumiso vive una desgracia, su amo, su señor, su dueño lo ha desplazado, ¿qué hará ahora que ya no es nada?

De acuerdo con el portal Dramaturgia Mexicana, Antonio Zúñiga es nativo de Ciudad Juárez, y realizó estudios de sociología y actuación, asimismo formó parte de diversos talleres de dramaturgia y creación dramática. Ha impartido diversos cursos y talleres de creación dramática y actuación en diferentes centros del país. Ha publicado numerosas piezas teatrales como Estrellas enterradas (2003, Editorial Tierra Adentro) y La zona del silencio (2003, Secretaría de Cultura, UAM). Cabe resaltar que Estrellas enterradas recibió la Mención Honorífica del Premio “Manuel Herrera.”[1]

José Alberto Gallardo, según el antedicho portal, es dramaturgo, director de escena, actor y gestor cultural. Ha escrito 25 obras dramáticas, de las cuales él mismo ha dirigido nueve. Seis de sus piezas han sido estrenadas por directores distintos. Como director, ha abordado obras de otros ocho directores. En 2013 recibió el Premio Internacional de Literatura–Dramaturgia “Sor Juana Inés de la Cruz.” Entre sus últimos trabajos destaca el estreno de Macbeth: Ciudad insomnio, en el Palacio de Bellas Artes (2013) y la gira actual de la pieza Sumergibles, de Daniela Zavala.[2]

Lo que soñé ese día… aborda la soledad desde el punto de vista del deseo. El autor se decanta por explorar las prácticas sexuales como la ninfomanía, el encuentro fortuito y el sadomasoquismo como vehículos de expresión de una cercanía efímera entre los personajes. Lo que hacen a puerta cerrada es intensísimo, pero de corta duración. Más perviven en la cabeza de los protagonistas las preguntas del por qué no es suficiente, por qué es tan corto, o por qué es tan amargo, que el aparente placer del acto mismo.

La pieza opta por un foro reducido, intimista, de 50 personas, lo cual acerca al público a la habitación y a los sórdidos modos de los protagonistas, de la misma manera el cuerpo actoral mira a los ojos a los espectadores, introduciendo con ello un fuerte elemento de tensión, acaso de presión, inclusive de incomodidad ante quienes añoren la cuarta pared. De la misma manera los desnudos están cerquísima del público: el sudor, los diálogos, y la música involucran a todos. Los personajes también recurren a un lenguaje corporal muy expresivo, se tocan entre ellos, se manosean, se muerden las manos.  Hay asistentes para quienes esto es demasiado, y se marchan.

Llama la atención que en la pieza las actrices no presentan desnudos integrales, en cambio, los varones lo son completamente. Surge la pregunta, si la obra muestra diversas prácticas sexuales, que son meramente simuladas por los actores ¿por qué tiene que ser tan explícita la escena del anciano depredador?


Lo que soñé ese día que me quedé dormido bajo el puente se presenta en “El Galeón” del Centro Cultural del Bosque, lunes y martes a las 20 horas del 7 de julio al 26 de agosto de 2014.

Simón Bruna

Simón Bruna de Martín López Brie
Presentada por el Conaculta, el INBA y Teatro de Quimeras
Director: Martín López Brie

«El sueño de la razón produce monstruos» es uno de los grabados más conocidos de Francisco de Goya y Lucientes, realizado en 1799, cuyo título bien podría servir de premisa de la pieza en cuestión.

Simón Bruna es la historia de un pequeño monstruo creado por su padre (Eduardo Castañeda). La pieza se desarrolla en una casa que alberga curiosas esculturas o “prodigios” de tremenda descripción. Empero, el monstruo principal es el hijo del desaparecido científico Bruna, hombre incapaz de relacionarse con la sociedad. Es el hijo inadaptado que se ha mudado, forzado por la educación del padre, a un mundo ficticio, refugio máximo de su bien cultivada mente, pero ultimadamente discapacitada para interactuar con el mundo. El padre creó caprichosas curiosidades, cuyas anatomías son imposibles, acaso relacionadas con fuentes herméticas, o simplemente resultado de una mente torcida. Aquel pseudocientífico también realizó malas creaciones en su familia, las mentes de sus seres “queridos” están plagadas de inmadurez, perversión y locura.

La obra se desarrolla en dos espacios simbólicos: la casa, lugar familiar, en el que convergen las historias y los secretos, y el sótano, mundo tenebroso, archivo muerto de lo que ya no sirve, vivienda de monstruos, reales e imaginarios. Entre los secretos, las grandes mentiras, los engaños y las verdades distorsionadas también se pueden plantear las preguntas ¿cuál es el mundo real? ¿A qué quimera nos mudamos? ¿Se puede escapar de la mentira? Cabe también la interrogación, ¿entre tanta perversión, es en realidad el hijo el único “normal? ¿Acaso por su inhabilidad para relacionarse con los monstruos de a pie es el único realmente auténtico? ¿Monstruos llaman monstruos?

De acuerdo con su página electrónica, Teatro de Quimeras es una compañía radicada en el Distrito Federal “cuya búsqueda artística está enfocada a lograr un teatro íntimo y sintético, en contacto cercano con el público y cuya principal apuesta está en la imaginación del espectador fecundada por el fenómeno escénico. Un teatro de palabras y actores. Sencillo y directo.”[1]

Martín López Brie, miembro del Sistema Nacional de Creadores del FONCA, nació en 1975, y según el portal Dramaturgiamexicana.com, ha participado en más de 20 puestas en escena de diversos géneros, y en funciones que abarcan del diseño, a la autoría y dirección. Entre sus galardones se cuentan el Premio Nacional de Dramaturgia Joven “Gerardo Mancebo del Castillo”, en 2005, merced a su obra “Órfico Blues”. Asimismo fue receptor del Premio Nacional “Manuel Herrera” de Dramaturgia de Querétaro por la pieza “El crimen del Hotel Palacio”, en 2007.[2] La obra en cuestión fue montada en 2009, y cabe aclarar que el texto había sido receptor del Premio Nacional de Dramaturgia del INBA, convocado por la Coordinación de Teatro de dicha institución, no obstante, el premio no fue jurado toda vez que había sido inscrito y galardonado en la convocatoria queretana.[3] Otras piezas de López Brie son Postales (2004) y Pedazos de apocalipsis, mostrada en el Teatro La Capilla en 2011. Cabe destacar que el autor en cuestión ha sido publicado en el Fondo Editorial Tierra Adentro y Ediciones “El Milagro”.

López Brie, además de haber escrito la obra, es el director de la misma. El autor acaso utiliza muchos minutos en anécdotas tangenciales, como son el tema de las corporaciones internacionales, o las teorías de conspiración y las organizaciones secretas o radicales que luchan o se enfrascan en ambas.

La pieza utiliza la figura de un hombre curioso, pícaro, vulgar, en situación de calle para dar un respiro de humor a la tremenda historia de monstruos y prodigios, acaso también alargando la situación un poco más de lo requerido. El autor asimismo se ha decantado por sendas duplas de intérpretes que hacen el mismo papel: dos la gris, pragmática, interesada, acaso resentida Angélica Bruma (Sofía Beatriz López, Georgina Ságar), hermana del protagonista, que poco a poco va perdiendo la paciencia ante la inacción e indolencia ante las oportunidades que no le interesan a Simón,  dos el siniestro, doble-cara Óscar Afrodakis (Raymundo Elizondo, Fernando Villa). De la misma manera, el reparto de actores también se va turnando para encarnar al amigo indigente del Dr. Bruma.

Las duplas de actores dan variedad al montaje, además permiten la simultaneidad de escenas tanto en la parte superior de la casa, la zona de los tópicos y las obviedades, y el sótano, la parte de los misterios, los secretos, las revelaciones incómodas, y la toma de conciencia del protagonista.

Algo que logra la puesta es honrar una de los objetivos que menciona la compañía Teatro de Quimeras en su página web: “Partimos de una simple suposición: el teatro no sucede en un escenario, sino en la cabeza del espectador.”

Simón Bruna se presenta en la sala “Xavier Villaurrutia” del Centro Cultural del Bosque, los lunes a las 20 horas, del 9 de junio al 25 de agosto de 2014.

Marco Antonio Silva Barón