La vida es sueño
de Pedro Calderón de la Barca
Presentada por el Conaculta, INBA, Festival de México en el
Centro Histórico, Sistema de Teatros de la Ciudad de México, Festival
Internacional de Puebla “Héctor Azar” y Teatro de Ciertos Habitantes.
Dirección: Claudio Valdés Kuri
¿Qué es la vida? Un frenesí
¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción y el
mayor bien es pequeño
¡Que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son!
El hombre vive en una cueva cautivo de sueños y tinieblas, no obstante, sale de la oscuridad hacia la luz. Él cae por el pecado original, y merced al
entendimiento, aunado al libre albedrío, alcanza la libertad. La vida es sueño, auto sacramental de
Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600 – 1681), es un drama filosófico de
origen platónico que plantea preguntas ¿Qué la vida es sueño? ¿Qué hay libertad
en la vida? ¿Qué compromiso hay con la vida?
Claudio Valdés Kuri ha optado por representar el auto sacramental del dramaturgo español, redactado 40 años después de la obra original, que narraba el devenir del príncipe Segismundo de Polonia, que se centraba en el camino del hombre en su camino a la libertad. La diferencia entre la primera versión de La vida es sueño y la versión autosacramental es que en el trabajo segundo cobran relevancia los elementos: fuego, aire,
tierra y agua, cuales figuras arquetípicas, que acompañan en su sendero al
hombre primordial, de la misma manera, se rodea de otras figuras arquetípicas
del saber hermético: el poder, la sabiduría, el amor, la sombra, la luz, el
entendimiento y el albedrío, pero sin personajes humanos discernibles e identificables.
La vida es sueño representa
un gran logro y una profunda audacia, considerada la obra maestra de Calderón
de la Barca, y surge la duda si aquellas obras magistrales, tan encomiadas en
su tiempo pueden apelar, significar algo para el público actual. Por ello, sirvan
las palabras del escritor y crítico literario italiano Giuseppe Pontiggia, que
da luz sobre tal cuestionamiento. "A menudo me preguntan si los clásicos
son actuales. El problema es si nosotros somos actuales con respecto a los
clásicos. Muchas veces nosotros mismos percibimos un carácter frágil,
insuficiente y aleatorio en nuestra actualidad. Damos espacio e importancia a
ciertos problemas para luego descubrir su futilidad; seguimos modas y
tendencias, supersticiones y creencias, experimentando luego su inconsistencia.
Los clásicos hablan en cambio sobre las cosas más importantes, y las relatan
mediante la belleza. Para mí, los clásicos siempre han sido un ejemplo con el
cual confrontarme."[1]
Claudio Valdés Kuri es miembro del Sistema Nacional de
Creadores de Arte del FONCA, entre sus obras se cuentan Becket o el honor de Dios, De
monstruos y prodigios: la historia de los Castrati, El automóvil gris, ¿Dónde
estaré
esta noche? y El Gallo. Kuri es
director de la compañía Teatro de Ciertos Habitantes, que según su página
oficial de Facebook, “se ha convertido en punto de referencia de la vanguardia
teatral latinoamericana. Sus creaciones han sido coproducidas, presentadas y
recibidas con enorme éxito en los más importantes festivales de los cinco
continentes.” Asimismo, “sus proyectos son creados a través de largos procesos
de gestación, a partir de riesgos y cuestionamientos específicos. Cada montaje
explora nuevos lenguajes, como resultado de la búsqueda constante de renovación
en contenido y forma. El trabajo escénico recae en el artista
multidisciplinario, actor-músico-bailarín, en el uso de sus facultades a toda
su capacidad. Paralelamente a sus puestas en escena, la compañía realiza
proyectos educativos, sociales y ambientales, así como producciones
televisivas, radiofónicas y grabaciones discográficas.”[2]
La adaptación crea personajes genéricos y sin género, se observa a 14 actores en escena, en este sentido, la puesta coincide con el siglo XVII en tanto que en aquella centuria todos los personajes eran representados por varones. La puesta hace servir la continua evolución del teatro como
canal de gestualidad, el énfasis en el cuerpo del actor, y las estructuras
somáticas. Si bien el feliz casting logró seleccionar un más que competente cuerpo
de intérpretes, la propuesta de Valdés Kuri enfatiza la belleza del texto
barroco y las estrategias interpretativas, en pos de transmitir las alegorías
místicas y alquímicas de la obra, evitando con ello el análisis psicológico de
los personajes. El símbolo es el vehículo con el que los intérpretes se
relacionan y penetran en la atención del público.
El tema del barroco, y acaso los barroquismos son de buen
interés para el director, que en entrevista con El Universal da la clave del singular uso que da a la música
regional mexicana a su montaje: “El barroco está muy presente en México, no
hubo interrupción del barroco a la fecha. En Veracruz, en los sones huastecos,
el verso es vivo (…). Instrumentos, géneros y una forma de cantar se quedaron
en los lugares remotos, en las sierras, evolucionaron, y hoy son la dotación
instrumental de nuestros grupos tradicionales. Son esta tradición barroca que
no tuvo interrupción, siguió hasta nuestros días.”[3]
El siglo XVII y el XXI coinciden en el gusto por la pompa y
circunstancia. El texto del siglo XVII está adaptado a la cultura visual de la
ciudad de México en el XXI, en donde los sentidos demandan estímulos frenéticos
e imparables. Nuestra atención, para seguir siendo tal, necesita movimientos
constantes, a un ritmo vertiginoso y variado, también demanda pluralidad de
cuerpos, vestidos y desnudos, canto y música, saltos y artilugios, desenfreno,
energía dionisíaca, sonorizaciones, danza, novedades y artificios.
Es una labor complicada dar “relevancia”, aggiornar un texto alquímico del Siglo
de Oro en 2014, y qué faena es que no parezca ni doctrina ni propaganda
trasnochada al servicio de quién sabe quién.
El montaje se distingue por tratarse de un producto
interdisciplinario. Los recursos utilizados son: danzas coreográficas, rítmica
geométrica, entrenamiento en instrumentos musicales, entrenamiento en danzas de
giro. El director recurre a la hiperactividad para mantener la tensión, y sobre
todo, la concentración en lo que está sucediendo en el escenario.
En tanto al texto, éste es irremediablemente oscuro si no se
cuentan con las prendas necesarias para su disección. Se recomienda por ello un
acercamiento previo a la pieza calderoniana.
También se apetece como altamente sugestivo el programa de
conferencias que acompañará a la puesta a partir del 15 de agosto.
Ferdinando Castelli da luz sobre la riqueza y fascinación de
La vida es sueño, que bien pueden
aplicarse a la adaptación mexicana: “La vida es sueño está construida con los
módulos del barroco. Revela preciosismos estilísticos y momentos de exuberancia
inventiva. Lo barroco del drama se caracteriza, sin embargo, por la tensión y
la intensidad de las escenas, por el movimiento y la fuerza de la acción
dramática, por la búsqueda del contraste y lo insólito, por el elemento simbólico
y alegórico.”[4]
La vida es sueño
se presenta en el Teatro "El Galeón" del Centro Cultural del Bosque, del 12 de
junio al 31 de agosto de 2014.
Marco Antonio Silva Barón
Marco Antonio Silva Barón